Trazos sin mapa
Por Juana Perazzo
Una entrevista a Renata Petrini, artista y estudiante de la Licenciatura en Artes Visuales (UMSA), sobre su acercamiento a la pintura. En sus reflexiones deja entrever las costuras de sus procesos, sus referencias y esa particular manera de anclarse en la intuición y la sensibilidad.
Antes de interesarte por las artes visuales, ¿exploraste otros lenguajes?
Las artes visuales siempre me interesaron y fue lo primero que pensé en estudiar. Cuando tenía once años pensé: “Si algún día estudio una carrera, me gustaría hacer esto”, pero también escribí mucho toda mi vida; desde muy chica escribo. Ahora hago poesía, en la adolescencia arranqué con eso, pero cuando era más chiquita hacía catarsis en mi celular o en el iPad. El año pasado estudié comunicación, que es como un lenguaje que puede ser artístico, tal vez. Lo pensé más por el lado de la escritura, sentí que podía llegar a ser más creativo.
¿Con qué materialidades te sentís más cómoda a la hora de producir una obra?
Sí o sí con la pintura, para mí es lo mejor. El óleo lo empecé a experimentar hace poco y siento que es lo que me hizo más feliz; me cambió la vida. Siento que yo no sé usarlo, en el sentido de que no aprendí, ni tampoco lo pensé tanto cuando arranqué. Sólo dije: “Bueno, voy a probar”. Sin haberlo trabajado nunca antes, por el hecho de que está ahí. El óleo permite una cantidad de profundidad abismal que capaz con el acrílico —yo antes siempre usaba acrílico— no la podía lograr. Además, no es que pienso en lograrlo o no. Sin querer sale esa profundidad con el óleo, es algo que me excede. Por un lado, es verdad que hay mayor margen de control porque, al no secarse tan rápido, podés tapar con más facilidad las cosas que no te gustan, pero, por otro lado, siempre se va a ver y se va a mezclar lo que tapás con el color que estás poniendo arriba. Siempre va a haber un seguimiento de lo que habías hecho antes y, a veces, uso esa herramienta a propósito: dejo partes del fondo que no me gustaban para que se vean y den una impresión de iluminación o de lo hecho sin querer. Me gusta usar el óleo muy puro y con poco aceite, que se vea la pincelada, que haya relieve. Siento que ese factor, que es más incontrolable, también me gusta: hacer algo para ver qué arrastra, qué se lleva, qué me trae.
¿Qué es lo que suele resonarte o movilizarte al enfrentarte a una obra? ¿Cuáles son los elementos (formales, materiales, conceptuales) que captan tu interés?
Me pasa que las obras no las termino pensando desde un lado intelectual, las pienso más desde un lado intuitivo. Cuando veo una obra que me gusta, que no tiene que ser por placer necesariamente, lo que me atrae es el color y la expresión, y cómo el color también funciona como un medio de expresión. Me gusta percibir el sentimiento. Por ejemplo, y ni siquiera es lo que me interesa pintar, en La vuelta del malón, que tiene un contexto histórico y conceptual, lo que me conmueve es la imagen. Las caras, las expresiones, los ojos de los caballos. Es como que te podés meter adentro de esa imagen. Por otro lado, veo una obra de Matisse —que es otra cosa— y también veo los colores, las formas, la libertad y la expresión, que está puesta de otra manera, menos naturalista. Eso también me atrae.
¿Qué artistas o referentes influyen en tu forma de hacer arte?
Todavía no me siento tan informada respecto a artistas. Incluso me parece que no dediqué tanto tiempo a entender mis referencias, pero Matisse es uno que me inspira mucho. Siento que, a la hora de hacer arte, todo lo que uno hace es un seguimiento de otras cosas que hizo otro, pero no pienso tanto en lo que estoy haciendo ni tampoco en qué me está inspirando. Sólo es algo que hago y trato de que eso me genere curiosidad para seguir haciéndolo. Por eso creo que es un laburo que tendría que hacer: pensar qué es lo que me inspira.
¿Qué aspectos de tu vida cotidiana (emociones, recuerdos, experiencias, sonidos, imágenes) sentís que terminan nutriendo tu proceso a la hora de realizar una obra?
Como dije antes, es un proceso un poco inconsciente, pero cuando lo concientizo, que es por lo general post obra, me doy cuenta de que una de las cosas que me inspiran mucho es la música. No necesariamente estoy escuchando música mientras pinto, pero sí siento que veo los sonidos que me gustan en las cosas que hago. De hecho, a veces, cuando cierro los ojos la música se transforma en imágenes. Por ejemplo, la música de Fun People o Boom Boom Kid es increíble. Tiene mucha guitarra, es muy roquera y hay cosas que plasmo en la pintura que me hacen sentir igual a cuando escucho sus canciones.
Por otro lado, también pienso que todo lo que hacemos es un autorretrato, lo queramos o no. Me gusta mucho dibujar mujeres desnudas, deformarlas, experimentar con el cuerpo; y eso habla de mi relación con mi cuerpo. En realidad, esto arrancó sin querer, como un modo de amigarme con algunos defectos y exagerar, incluso, algunas cosas que me gustan o que no me gustan. En mis pinturas quiero que los cuerpos se salgan de los marcos, que se permitan ocupar el espacio. Por eso disfruto explorar el drama, lo guarango, lo excesivo. A veces veo a las modelos que son muy delgadas y me gusta llevar eso al extremo de forma que no sea hegemónico. Lo hago a modo de descontracturar algo. Lo mismo cuando lo pienso respecto a mi propio cuerpo, lo quiero despersonalizar. A veces necesito despersonalizar los cuerpos, no sé por qué. Siento que tienen una carga muy pesada. También me inspiro mucho en Viudas e Hijas de Roque Enroll y la idea de la mujer que es sexual, y tonta y genial. Una mujer que se permite ser ella.
¿Está en tus planes exhibir tus obras en un futuro? ¿Qué tipo de espacios o formatos te gustaría explorar para mostrarlas?
Sí, me gustaría, pero no es mi máxima aspiración. Siento que ese es sólo un momento. A veces pienso que esa solemnidad no me interesa tanto. Me encantaría, igual. Me encantaría que me compren cuadros. Hace poco pensaba en exponer en un subte. Me interesa mucho la idea de la obra sin valor y también asociarla con lugares que parece que no tienen valor. Quiero hacerla convivir en otros espacios, pensar que no se trata sólo de la obra en sí, sino también del entorno que la rodea.
A veces le entrego trabajos un poco rotos a mi profesor o con las hojas manchadas. Una vez él me dijo: “Queré tu obra”, y yo respondí: “Yo la quiero; que esté rota no hace que la quiera menos”. A veces las hojas se rompen o las doblo, pero las amo así, no pienso que las tengo que respetar por eso. Si se rompieron es porque las llevé conmigo a todos lados: las llevo en el bondi, las traigo acá, las tengo en mi casa, las saco, las pongo. Siento que está bien, es su historia.
Últimas notas
Trazos sin mapa
Por Juana Perazzo
Una entrevista a Renata Petrini, artista y estudiante de la Licenciatura en Artes Visuales (UMSA), sobre su acercamiento a la pintura. En sus reflexiones deja entrever las costuras de sus procesos, sus referencias y esa particular manera de anclarse en la intuición y la sensibilidad.
Antes de interesarte por las artes visuales, ¿exploraste otros lenguajes?
Las artes visuales siempre me interesaron y fue lo primero que pensé en estudiar. Cuando tenía once años pensé: “Si algún día estudio una carrera, me gustaría hacer esto”, pero también escribí mucho toda mi vida; desde muy chica escribo. Ahora hago poesía, en la adolescencia arranqué con eso, pero cuando era más chiquita hacía catarsis en mi celular o en el iPad. El año pasado estudié comunicación, que es como un lenguaje que puede ser artístico, tal vez. Lo pensé más por el lado de la escritura, sentí que podía llegar a ser más creativo.
¿Con qué materialidades te sentís más cómoda a la hora de producir una obra?
Sí o sí con la pintura, para mí es lo mejor. El óleo lo empecé a experimentar hace poco y siento que es lo que me hizo más feliz; me cambió la vida. Siento que yo no sé usarlo, en el sentido de que no aprendí, ni tampoco lo pensé tanto cuando arranqué. Sólo dije: “Bueno, voy a probar”. Sin haberlo trabajado nunca antes, por el hecho de que está ahí. El óleo permite una cantidad de profundidad abismal que capaz con el acrílico —yo antes siempre usaba acrílico— no la podía lograr.
Además, no es que pienso en lograrlo o no. Sin querer sale esa profundidad con el óleo, es algo que me excede. Por un lado, es verdad que hay mayor margen de control porque, al no secarse tan rápido, podés tapar con más facilidad las cosas que no te gustan, pero, por otro lado, siempre se va a ver y se va a mezclar lo que tapás con el color que estás poniendo arriba. Siempre va a haber un seguimiento de lo que habías hecho antes y, a veces, uso esa herramienta a propósito: dejo partes del fondo que no me gustaban para que se vean y den una impresión de iluminación o de lo hecho sin querer. Me gusta usar el óleo muy puro y con poco aceite, que se vea la pincelada, que haya relieve. Siento que ese factor, que es más incontrolable, también me gusta: hacer algo para ver qué arrastra, qué se lleva, qué me trae.
¿Qué es lo que suele resonarte o movilizarte al enfrentarte a una obra? ¿Cuáles son los elementos (formales, materiales, conceptuales) que captan tu interés?
Me pasa que las obras no las termino pensando desde un lado intelectual, las pienso más desde un lado intuitivo. Cuando veo una obra que me gusta, que no tiene que ser por placer necesariamente, lo que me atrae es el color y la expresión, y cómo el color también funciona como un medio de expresión. Me gusta percibir el sentimiento. Por ejemplo, y ni siquiera es lo que me interesa pintar, en La vuelta del malón, que tiene un contexto histórico y conceptual, lo que me conmueve es la imagen. Las caras, las expresiones, los ojos de los caballos. Es como que te podés meter adentro de esa imagen. Por otro lado, veo una obra de Matisse —que es otra cosa— y también veo los colores, las formas, la libertad y la expresión, que está puesta de otra manera, menos naturalista. Eso también me atrae.
¿Qué artistas o referentes influyen en tu forma de hacer arte?
Todavía no me siento tan informada respecto a artistas. Incluso me parece que no dediqué tanto tiempo a entender mis referencias, pero Matisse es uno que me inspira mucho. Siento que, a la hora de hacer arte, todo lo que uno hace es un seguimiento de otras cosas que hizo otro, pero no pienso tanto en lo que estoy haciendo ni tampoco en qué me está inspirando. Sólo es algo que hago y trato de que eso me genere curiosidad para seguir haciéndolo. Por eso creo que es un laburo que tendría que hacer: pensar qué es lo que me inspira.
¿Qué aspectos de tu vida cotidiana (emociones, recuerdos, experiencias, sonidos, imágenes) sentís que terminan nutriendo tu proceso a la hora de realizar una obra?
Como dije antes, es un proceso un poco inconsciente, pero cuando lo concientizo, que es por lo general post obra, me doy cuenta de que una de las cosas que me inspiran mucho es la música. No necesariamente estoy escuchando música mientras pinto, pero sí siento que veo los sonidos que me gustan en las cosas que hago. De hecho, a veces, cuando cierro los ojos la música se transforma en imágenes. Por ejemplo, la música de Fun People o Boom Boom Kid es increíble. Tiene mucha guitarra, es muy roquera y hay cosas que plasmo en la pintura que me hacen sentir igual a cuando escucho sus canciones.
Por otro lado, también pienso que todo lo que hacemos es un autorretrato, lo queramos o no. Me gusta mucho dibujar mujeres desnudas, deformarlas, experimentar con el cuerpo; y eso habla de mi relación con mi cuerpo. En realidad, esto arrancó sin querer, como un modo de amigarme con algunos defectos y exagerar, incluso, algunas cosas que me gustan o que no me gustan. En mis pinturas quiero que los cuerpos se salgan de los marcos, que se permitan ocupar el espacio. Por eso disfruto explorar el drama, lo guarango, lo excesivo. A veces veo a las modelos que son muy delgadas y me gusta llevar eso al extremo de forma que no sea hegemónico. Lo hago a modo de descontracturar algo. Lo mismo cuando lo pienso respecto a mi propio cuerpo, lo quiero despersonalizar. A veces necesito despersonalizar los cuerpos, no sé por qué. Siento que tienen una carga muy pesada. También me inspiro mucho en Viudas e Hijas de Roque Enroll y la idea de la mujer que es sexual, y tonta y genial. Una mujer que se permite ser ella.
¿Está en tus planes exhibir tus obras en un futuro? ¿Qué tipo de espacios o formatos te gustaría explorar para mostrarlas?
Sí, me gustaría, pero no es mi máxima aspiración. Siento que ese es sólo un momento. A veces pienso que esa solemnidad no me interesa tanto. Me encantaría, igual. Me encantaría que me compren cuadros. Hace poco pensaba en exponer en un subte. Me interesa mucho la idea de la obra sin valor y también asociarla con lugares que parece que no tienen valor. Quiero hacerla convivir en otros espacios, pensar que no se trata sólo de la obra en sí, sino también del entorno que la rodea.
A veces le entrego trabajos un poco rotos a mi profesor o con las hojas manchadas. Una vez él me dijo: “Queré tu obra”, y yo respondí: “Yo la quiero; que esté rota no hace que la quiera menos”. A veces las hojas se rompen o las doblo, pero las amo así, no pienso que las tengo que respetar por eso. Si se rompieron es porque las llevé conmigo a todos lados: las llevo en el bondi, las traigo acá, las tengo en mi casa, las saco, las pongo. Siento que está bien, es su historia.