Capusottocore: la guerrilla cultural en la era hiperreal
Redactora: Ripley
Editora: Paloma Rojo
Después de esa noche, al despertar, le mandé el siguiente mensaje a un amigo: “Ayer pude presenciar la Historia pasar delante de mis propios ojos”. Del trabajo y con solo cuatro horas de sueño, fui a cursar el turno nocturno. Una compañera al saludarme me dijo: “Estás brillante, te ves vivo, radiante”. Cómo me sentía corporalmente no podía distar más de aquel halago. No sé si fue que tenía todavía un poco de glitter en la cara, pero sabía que ella se refería a algo mucho más profundo. Efectivamente, estaba viva, más que nunca: había visto la Historia la noche anterior en el festival de Capusottocore.
Lo que vivimos fue hiperespectacular. Una lección para cualquier aspirante a revolucionarix sobre cómo llevar a cabo una guerrilla cultural en la época hipermediática. El evento organizado principalmente por el dúo Fama y Guita, incluyó además a Chebrolet, Jaina, Canibal Baby, Rock Nacional, Marte Lupardo y Electrochongo. Lo que unió a todos estos personajes tan disímiles, más que su propuesta sonora final, fue el uso de diversas estrategias estético-políticas en extremo precisas para nuestros tiempos.
Mientras que la mayoría del espectro musical se disputa entre el horror a la metáfora del trap o la solemnidad zombificada del indie para finalmente no decir nada, estas bandas apuestan por el sarcasmo y la ironía como formas predilectas de la crítica social. Lxs más entusiastas, en sus letras y actuaciones, adoptan un enfoque post-irónico y post-cringe: no tienen miedo al ridículo ni a ser mal interpretadxs, surgieron del covid y la confusión. Son una respuesta radical que trata de superar la pose y la apariencia reinantes mediante la amplificación de la pose y la apariencia.
La singularidad de aquella noche no se agotó ahí. Todxs estxs artistas desarrollan alguna forma o variante del plagiarismo o del desvío (détournement). El ejemplo más destacado de esto es Fama y Guita. En sus canciones hay calcos que van desde Locomía a los Sex Pistols y Rodrigo. La tapa de su disco La Gran Estafa del Rock Nacional es una imitación tanto de la tapa de Sgt. Pepper de Los Beatles como de We Are Only in it for the Money de las Mothers of Invention. Muchas de sus letras varían, modifican o tergiversan letras populares ampliamente conocidas.
En este sentido, se inscriben en la larga tradición contracultural que va desde lxs dadaístas y situacionistas hasta el punk y post-punk del siglo pasado. Copiar y pegar es la herramienta por excelencia con la que el arte contemporáneo ha atacado a esos dos grandes errores de la historia: la autoría y la propiedad privada. Cambiar letras o recontextualizar y mezclar temas de techno, cuarteto, rock o salsa es una forma de tomar las armas pop del sistema y utilizarlas en su contra.
En un momento del festival, hubo un concurso de disfraces de personajes del programa Diego Capusotto y sus videos. Entre ellos se podía encontrar a varios Bombita Rodríguez, Pomelo, Violencia Rivas, el Emo, Micky Vainilla y muchos otros. Por voto popular ganó un Bombita Rodríguez y, en un instante de genialidad suprema y surrealismo, todo el lugar terminó cantando “Armas para el pueblo”. Este momento en particular sirve para ilustrar un punto muy importante: estamos ante una vanguardia.
Estxs artistas, al adoptar la misma lógica que opera en los sketch de Capusotto, la llevan un paso más allá. Toman la parodia y la ironía, pero la sobrecargan a tal punto que ya no es posible distinguir si estamos ante un chiste o algo serio. Lo más importante es que esta ambigüedad y contenido “basura” son utilizados en un medio donde su sola presencia es explosiva, hiperreal, donde las representaciones de las redes sociales son más reales que lo real mismo. De esta forma, las bandas se convierten a sí mismas en memes, se viralizan e invaden los feeds de todo tipo de usuarios y rompen el algoritmo. Esta estrategia comunicacional puede ser un reflejo de lo que el filósofo Jean Baudrillard llamó hiperrealidad: un mundo en el cual los hechos y eventos existen primero en su forma mediatizada autónoma y sólo después como hechos reales en sí mismos. Estos grupos entienden intuitivamente que la racionalidad y el discurso no funcionan online, y que la única forma de vencer al shitposting y brainrot libertario en la batalla por la realidad consensuada, es con un shitposting y brainrot aun más radical.
Al otro día, no sólo estaba cansada porque había dormido poco, sino que tenía el cuerpo destruido por el pogo, y las piernas no me daban más por el baile. Ese festival también fue una fiesta increíble. Hubo una multitud extasiada y, por momentos, totalmente fuera de sí, una libido por algo que no veía desde hacía muchísimo tiempo: el futuro. Me dije a mí misma: “Es esto, este es el comunismo ácido del que hablaba Mark Fisher”. Nuestro amado teórico de la cultura pop pensaba que, si queríamos buscar una salida del realismo capitalista, nuestra prisión neoliberal, debíamos recuperar el deseo. Es decir, recuperar una líbido por el futuro y volver a hacer del comunismo algo equiparable al placer y la fiesta. Proponer imaginarios que vayan más allá del mundo del trabajo-ocio y busquen activamente la expansión de la conciencia. El Capusottocore es una prefiguración de lo que podría ser el mundo más allá del género y del capital. Es la nueva psicodelia que poco a poco se va infiltrando a través de la pantalla de tu celular. Es la Historia pasando por delante de tus propios ojos.
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Capusottocore: la guerrilla cultural en la era hiperreal
Redactora: Ripley
Editora: Paloma Rojo
Después de esa noche, al despertar, le mandé el siguiente mensaje a un amigo: “Ayer pude presenciar la Historia pasar delante de mis propios ojos”. Del trabajo y con solo cuatro horas de sueño, fui a cursar el turno nocturno. Una compañera al saludarme me dijo: “Estás brillante, te ves vivo, radiante”. Cómo me sentía corporalmente no podía distar más de aquel halago. No sé si fue que tenía todavía un poco de glitter en la cara, pero sabía que ella se refería a algo mucho más profundo. Efectivamente, estaba viva, más que nunca: había visto la Historia la noche anterior en el festival de Capusottocore.
Lo que vivimos fue hiperespectacular. Una lección para cualquier aspirante a revolucionarix sobre cómo llevar a cabo una guerrilla cultural en la época hipermediática. El evento organizado principalmente por el dúo Fama y Guita, incluyó además a Chebrolet, Jaina, Canibal Baby, Rock Nacional, Marte Lupardo y Electrochongo. Lo que unió a todos estos personajes tan disímiles, más que su propuesta sonora final, fue el uso de diversas estrategias estético-políticas en extremo precisas para nuestros tiempos.
Mientras que la mayoría del espectro musical se disputa entre el horror a la metáfora del trap o la solemnidad zombificada del indie para finalmente no decir nada, estas bandas apuestan por el sarcasmo y la ironía como formas predilectas de la crítica social. Lxs más entusiastas, en sus letras y actuaciones, adoptan un enfoque post-irónico y post-cringe: no tienen miedo al ridículo ni a ser mal interpretadxs, surgieron del covid y la confusión. Son una respuesta radical que trata de superar la pose y la apariencia reinantes mediante la amplificación de la pose y la apariencia.
La singularidad de aquella noche no se agotó ahí. Todxs estxs artistas desarrollan alguna forma o variante del plagiarismo o del desvío (détournement). El ejemplo más destacado de esto es Fama y Guita. En sus canciones hay calcos que van desde Locomía a los Sex Pistols y Rodrigo. La tapa de su disco La Gran Estafa del Rock Nacional es una imitación tanto de la tapa de Sgt. Pepper de Los Beatles como de We Are Only in it for the Money de las Mothers of Invention. Muchas de sus letras varían, modifican o tergiversan letras populares ampliamente conocidas.
Foto por Iván Orynicz.
En este sentido, se inscriben en la larga tradición contracultural que va desde lxs dadaístas y situacionistas hasta el punk y post-punk del siglo pasado. Copiar y pegar es la herramienta por excelencia con la que el arte contemporáneo ha atacado a esos dos grandes errores de la historia: la autoría y la propiedad privada. Cambiar letras o recontextualizar y mezclar temas de techno, cuarteto, rock o salsa es una forma de tomar las armas pop del sistema y utilizarlas en su contra.
En un momento del festival, hubo un concurso de disfraces de personajes del programa Diego Capusotto y sus videos. Entre ellos se podía encontrar a varios Bombita Rodríguez, Pomelo, Violencia Rivas, el Emo, Micky Vainilla y muchos otros. Por voto popular ganó un Bombita Rodríguez y, en un instante de genialidad suprema y surrealismo, todo el lugar terminó cantando “Armas para el pueblo”. Este momento en particular sirve para ilustrar un punto muy importante: estamos ante una vanguardia.
Estxs artistas, al adoptar la misma lógica que opera en los sketch de Capusotto, la llevan un paso más allá. Toman la parodia y la ironía, pero la sobrecargan a tal punto que ya no es posible distinguir si estamos ante un chiste o algo serio. Lo más importante es que esta ambigüedad y contenido “basura” son utilizados en un medio donde su sola presencia es explosiva, hiperreal, donde las representaciones de las redes sociales son más reales que lo real mismo. De esta forma, las bandas se convierten a sí mismas en memes, se viralizan e invaden los feeds de todo tipo de usuarios y rompen el algoritmo. Esta estrategia comunicacional puede ser un reflejo de lo que el filósofo Jean Baudrillard llamó hiperrealidad: un mundo en el cual los hechos y eventos existen primero en su forma mediatizada autónoma y sólo después como hechos reales en sí mismos. Estos grupos entienden intuitivamente que la racionalidad y el discurso no funcionan online, y que la única forma de vencer al shitposting y brainrot libertario en la batalla por la realidad consensuada, es con un shitposting y brainrot aun más radical.
Al otro día, no sólo estaba cansada porque había dormido poco, sino que tenía el cuerpo destruido por el pogo, y las piernas no me daban más por el baile. Ese festival también fue una fiesta increíble. Hubo una multitud extasiada y, por momentos, totalmente fuera de sí, una libido por algo que no veía desde hacía muchísimo tiempo: el futuro. Me dije a mí misma: “Es esto, este es el comunismo ácido del que hablaba Mark Fisher”. Nuestro amado teórico de la cultura pop pensaba que, si queríamos buscar una salida del realismo capitalista, nuestra prisión neoliberal, debíamos recuperar el deseo. Es decir, recuperar una líbido por el futuro y volver a hacer del comunismo algo equiparable al placer y la fiesta. Proponer imaginarios que vayan más allá del mundo del trabajo-ocio y busquen activamente la expansión de la conciencia. El Capusottocore es una prefiguración de lo que podría ser el mundo más allá del género y del capital. Es la nueva psicodelia que poco a poco se va infiltrando a través de la pantalla de tu celular. Es la Historia pasando por delante de tus propios ojos.