Lucía Seles: una religión
Redactora: Emma Coria Maiorano
Editora: Abril Carrizo
Una salida al cine como refugio y como trampa: El Susurro, de Gustavo Hernández, activa una lectura inesperada sobre la familia y el lugar incómodo de quien mira cómo el terror deja de estar en la pantalla y se filtra en la vida real.
Entrevista a Lucía Seles, una directora argentina que encabeza la escena sin guion: todo está en manos de su cabeza y libretitas. Después de dirigir más de 20 películas, 16 obras teatrales, y de tener un ciclo dedicado a su cine, consolidó una voz que no se parece a ninguna otra.
—Estoy lista para morirme mañana, estoy tan orgullosa de lo que hice.
Lucía Seles habla con felicidad hasta de la muerte. Sus palabras se acumulan, al igual que las libretitas que la acompañan a todos lados y sus biromes: duerme con dos debajo de la almohada. Cuando camina, habla o incluso cuando le sacan una foto, mira para abajo. ¿Qué busca Seles?
Con una letra microscópica, cronometrada en tiempos de práctica, anota frases que recopila de la calle y las horas entregadas al estudio de la música. Con esa misma caligrafía escribió un poema en honor a su madre que tiene tatuado en su mejilla izquierda. Su idea era hacerse el DNI de su progenitora, pero por motivos de espacio ganó el poema.
Es grafómana y directora de cine y teatro independiente. Es argentina, pero se autopercibe poeta chilena de Valparaíso. ¿Por qué? Con Lucía Seles muchas cosas suceden porque sí.
—Es muy simple, es sólo no hacer lo que no quiero —dice como si fuese sencillo hacer lo que se quiere.
Sin embargo, esta filosofía que sostiene explica muchas de sus decisiones. Nació bajo el nombre de Diego Fernández, pero decidió autobautizarse como Lucía Seles para el detrás de escena y Selena Prat para la situación en vivo (la actuación y la música). Aunque por fuera corresponde “a lo masculino”, se refiere a sí misma como mujer. No se trata de una decisión para el afuera. En un mundo de apariencias, Seles se preocupa únicamente por lo que hace.
—Cuando me dicen que escriba mi biografía, ya ni quiero, yo pongo sólo las obras terminadas.
En el medio de la entrevista, a Seles le suena una alarma. No es habitual, casi no usa el celular.
—La gente sabe que me manda un mail cualquier cosa. Tampoco es grave porque lo podés prender y apagar en cinco minutos, pero en eso soy cada vez más extrema, ¿entendés?
Mientras señala su libretita, cuenta que, hasta el momento, esta semana ya completó 36 horas de aislamiento y que, en general, hace 56. Esa disciplina se la dio la música.
—Yo trato de la primera parte del día acumular 05 horas, ahí almorzar y dormir una hora para que exista un renacimiento en el día, y ahí otras 03 horas mínimo de aislamiento, ¿me entendés?
Ahora sí entiendo: hace de todo una religión.
Días atrás, Seles presentó el título ocho de su libro Hockey de mujer, compuesto por “32 fragments” que se sabe de memoria. Es una grafómana que juega con la lengua. Habla en spanglish, una variedad lingüística que combina elementos del español y del inglés. No usa mayúsculas (tampoco en el título de sus películas) ni tildes y, al enumerar, agrega un cero adelante. Siempre tiene algo nuevo para decir. Durante la presentación de su libro, decidió armar una obra porque no quería hablar de lo que ya estaba impreso. También se destacó en 2023, cuando estrenó su película The urgency of death en el Festival de Cine de Valdivia. Ahí se tragó un billete de cinco mil pesos chilenos (que bajó con una Pepsi) delante de la sala. O cuando el año pasado presentó The bewilderment of chile en el BAFICI. Tras la proyección, el público no le hizo preguntas, sino que fue al revés.
Seles rompe con las reglas, pero ¿quién dijo que las hay? La crítica define sus films como “infantiles”, “absurdos” o hasta “ridículos”, pero eso no la detiene. Después de dirigir más de 20 películas —o videos, como les dice—, 16 obras teatrales, y tener un ciclo en la Sala Lugones dedicado a su cine, consolidó algo que no todxs logran: una voz que no se parece a ninguna otra.
Toda historia tiene un principio. Esta comienza cuando Lucía Seles fue por un periodo Rocío Fernándes. En 2006 estrenó Mujer sin n destino, su ópera prima, en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Ahí obtuvo el premio a Mejor Director y Mejor Película, consagrándose como la gran promesa del nuevo cine argentino. Se caracteriza por corromper el lenguaje audiovisual tradicional. Desde los movimientos de la cámara hasta las actuaciones, todo es orgánico. Además, interviene sus tomas con textos sobreimpresos que reflejan su mirada.
—Yo sé todos los registros, los tonos, todas las cosas que no quiero. Yo sé todo lo que odio y me lo recuerdo muy bien, nunca hago eso.
Dos años después, con tres películas estrenadas, desapareció. Tampoco es que se la tragó la tierra, sino que decidió alejarse de la escena para abocarse a la música: se fue de gira como bandoneonista por Europa.
En 2018 todo cambió con el llamado del actor Pablo Ragoni, protagonista de varios de sus videos. Querían hacer un documental sobre ella. Cuando lograron contactarla, rechazó la oferta, pero aceptó volver a filmar. El actor sugirió como locación su teatro independiente y se ofreció a conseguir el elenco. Con la ayuda de su madre y un amigo, Seles compró una computadora. De esta forma, volvió a una de las cosas que más le gusta: el montaje. Fue ahí que regresó a la escena, por primera vez, presentándose como Lucía Seles (mismo apellido que la tenista Mónica Seles). Su esencia era la misma. Pero, en realidad, había más presupuesto. Después de estrenar seis películas, en 2021 fue descubierta por el director español Gonzalo García Pelayo, que empezó a producirla.
—Yo tenía miedo porque era una estructura un poquito más grande, pero por suerte fue una gloria.
Más allá de que ahora había una productora española de por medio, eligió seguir trabajando con las mismas personas de siempre. Por un lado, Sebastián Toro, quien la acompaña en la cámara. Lo considera la persona más importante en sus videos. Por el otro, Pablo Ragoni, Martín Aletta, Laura Nevole, Gabriela Ditisheim e Ignacio Sánchez, protagonistas de varias de sus obras y films. Aunque no está sola, todo funciona bajo sus reglas.
Ni sus videos ni sus obras tienen guion. Todo está en su cabeza y sus libretitas. Ignacio Sánchez, uno de los protagonistas de sus películas, cuenta que sus rodajes son especiales porque no hay tiempo muerto. Lucía le dijo en la primera película en la que trabajaron juntos: “Avisame cuando estés llegando en el auto porque esa toma la vamos a necesitar”. Además, Ignacio remarca que trabajar sin guion no implica libre albedrío: “Antes de cada escena nos cuenta de qué va a ir. Creo que hay un poquito de improvisación, pero es dentro de las reglas del mundo de Lucía y las que construimos nosotros con los personajes”.
El actor es uno de los protagonistas de la Tetralogía Inconclusa, una trilogía compuesta por Smog en tu corazón, Saturday disorders y Weak rangers. Se centra en un grupo de trabajadores de un complejo de tenis donde el deporte es irrelevante. A lo largo de los videos, la historia se repite: mismo lugar, mismos personajes y diálogos. Esta sensación de encierro no es casual, los protagonistas también se sienten así. A través de lo cotidiano, se proponen conocerse a sí mismos y entre ellos. Estos personajes, al igual que Seles, defienden y respetan sus horas de estudio, su profesión y a sus madres. Hacen de todo una religión. En definitiva, como afirma la directora, “una es todos sus personajes”.
—Como la saga no terminó con Weak rangers, que es casi mi video favorito, dije: “Bueno, si no termino acá, no tiene que terminar nunca”.
La Tetralogía Inconclusa, finalmente, no se quedó en una trilogía. En 2023 apareció Terminal young y el año siguiente, Fire supply. Además de la saga tenista, está en sus planes continuar con la historia de The urgency of death, una odisea con diferentes personajes que se entrecruzan en las calles de La Plata.
—Tenés que estar segura de que vos amás eso. Yo el día que hice la presentación del libro o cuando hago las obras en vivo, no sabés la ilusión que tengo por decir cada cosa. Directamente parezco una novia, falta el vestido. Perdón la simpleza.
Durante la entrevista, Seles dice la palabra “contenta” quince veces. No sólo porque lo es, acumulando horas de trabajo o estudio, sino porque sabe que hay recompensa.
—Yo necesito estar autosometida para terminar el día contenta. Fui siempre de querer sufrir para después poder tomar una Pepsi.
Lucía Seles hace de todo una religión. ¿Cuántas Pepsi se habrá tomado a lo largo de su vida? Entiendo que muchas.
Últimas notas
Lucía Seles: una religión
Redactora: Emma Coria Maiorano
Editora: Abril Carrizo
Entrevista a Lucía Seles, una directora argentina que encabeza la escena sin guion: todo está en manos de su cabeza y libretitas. Después de dirigir más de 20 películas, 16 obras teatrales, y de tener un ciclo dedicado a su cine, consolidó una voz que no se parece a ninguna otra.
—Estoy lista para morirme mañana, estoy tan orgullosa de lo que hice.
Lucía Seles habla con felicidad hasta de la muerte. Sus palabras se acumulan, al igual que las libretitas que la acompañan a todos lados y sus biromes: duerme con dos debajo de la almohada. Cuando camina, habla o incluso cuando le sacan una foto, mira para abajo. ¿Qué busca Seles?
Con una letra microscópica, cronometrada en tiempos de práctica, anota frases que recopila de la calle y las horas entregadas al estudio de la música. Con esa misma caligrafía escribió un poema en honor a su madre que tiene tatuado en su mejilla izquierda. Su idea era hacerse el DNI de su progenitora, pero por motivos de espacio ganó el poema.
Es grafómana y directora de cine y teatro independiente. Es argentina, pero se autopercibe poeta chilena de Valparaíso. ¿Por qué? Con Lucía Seles muchas cosas suceden porque sí.
—Es muy simple, es sólo no hacer lo que no quiero —dice como si fuese sencillo hacer lo que se quiere.
Sin embargo, esta filosofía que sostiene explica muchas de sus decisiones. Nació bajo el nombre de Diego Fernández, pero decidió autobautizarse como Lucía Seles para el detrás de escena y Selena Prat para la situación en vivo (la actuación y la música). Aunque por fuera corresponde “a lo masculino”, se refiere a sí misma como mujer. No se trata de una decisión para el afuera. En un mundo de apariencias, Seles se preocupa únicamente por lo que hace.
—Cuando me dicen que escriba mi biografía, ya ni quiero, yo pongo sólo las obras terminadas.
En el medio de la entrevista, a Seles le suena una alarma. No es habitual, casi no usa el celular.
—La gente sabe que me manda un mail cualquier cosa. Tampoco es grave porque lo podés prender y apagar en cinco minutos, pero en eso soy cada vez más extrema, ¿entendés?
Mientras señala su libretita, cuenta que, hasta el momento, esta semana ya completó 36 horas de aislamiento y que, en general, hace 56. Esa disciplina se la dio la música.
—Yo trato de la primera parte del día acumular 05 horas, ahí almorzar y dormir una hora para que exista un renacimiento en el día, y ahí otras 03 horas mínimo de aislamiento, ¿me entendés?
Ahora sí entiendo: hace de todo una religión.
Días atrás, Seles presentó el título ocho de su libro Hockey de mujer, compuesto por “32 fragments” que se sabe de memoria. Es una grafómana que juega con la lengua. Habla en spanglish, una variedad lingüística que combina elementos del español y del inglés. No usa mayúsculas (tampoco en el título de sus películas) ni tildes y, al enumerar, agrega un cero adelante. Siempre tiene algo nuevo para decir. Durante la presentación de su libro, decidió armar una obra porque no quería hablar de lo que ya estaba impreso. También se destacó en 2023, cuando estrenó su película The urgency of death en el Festival de Cine de Valdivia. Ahí se tragó un billete de cinco mil pesos chilenos (que bajó con una Pepsi) delante de la sala. O cuando el año pasado presentó The bewilderment of chile en el BAFICI. Tras la proyección, el público no le hizo preguntas, sino que fue al revés.
Seles rompe con las reglas, pero ¿quién dijo que las hay? La crítica define sus films como “infantiles”, “absurdos” o hasta “ridículos”, pero eso no la detiene. Después de dirigir más de 20 películas —o videos, como les dice—, 16 obras teatrales, y tener un ciclo en la Sala Lugones dedicado a su cine, consolidó algo que no todxs logran: una voz que no se parece a ninguna otra.
Toda historia tiene un principio. Esta comienza cuando Lucía Seles fue por un periodo Rocío Fernándes. En 2006 estrenó Mujer sin n destino, su ópera prima, en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Ahí obtuvo el premio a Mejor Director y Mejor Película, consagrándose como la gran promesa del nuevo cine argentino. Se caracteriza por corromper el lenguaje audiovisual tradicional. Desde los movimientos de la cámara hasta las actuaciones, todo es orgánico. Además, interviene sus tomas con textos sobreimpresos que reflejan su mirada.
—Yo sé todos los registros, los tonos, todas las cosas que no quiero. Yo sé todo lo que odio y me lo recuerdo muy bien, nunca hago eso.
Dos años después, con tres películas estrenadas, desapareció. Tampoco es que se la tragó la tierra, sino que decidió alejarse de la escena para abocarse a la música: se fue de gira como bandoneonista por Europa.
En 2018 todo cambió con el llamado del actor Pablo Ragoni, protagonista de varios de sus videos. Querían hacer un documental sobre ella. Cuando lograron contactarla, rechazó la oferta, pero aceptó volver a filmar. El actor sugirió como locación su teatro independiente y se ofreció a conseguir el elenco. Con la ayuda de su madre y un amigo, Seles compró una computadora. De esta forma, volvió a una de las cosas que más le gusta: el montaje. Fue ahí que regresó a la escena, por primera vez, presentándose como Lucía Seles (mismo apellido que la tenista Mónica Seles). Su esencia era la misma. Pero, en realidad, había más presupuesto. Después de estrenar seis películas, en 2021 fue descubierta por el director español Gonzalo García Pelayo, que empezó a producirla.
—Yo tenía miedo porque era una estructura un poquito más grande, pero por suerte fue una gloria.
Más allá de que ahora había una productora española de por medio, eligió seguir trabajando con las mismas personas de siempre. Por un lado, Sebastián Toro, quien la acompaña en la cámara. Lo considera la persona más importante en sus videos. Por el otro, Pablo Ragoni, Martín Aletta, Laura Nevole, Gabriela Ditisheim e Ignacio Sánchez, protagonistas de varias de sus obras y films. Aunque no está sola, todo funciona bajo sus reglas.
Ni sus videos ni sus obras tienen guion. Todo está en su cabeza y sus libretitas. Ignacio Sánchez, uno de los protagonistas de sus películas, cuenta que sus rodajes son especiales porque no hay tiempo muerto. Lucía le dijo en la primera película en la que trabajaron juntos: “Avisame cuando estés llegando en el auto porque esa toma la vamos a necesitar”. Además, Ignacio remarca que trabajar sin guion no implica libre albedrío: “Antes de cada escena nos cuenta de qué va a ir. Creo que hay un poquito de improvisación, pero es dentro de las reglas del mundo de Lucía y las que construimos nosotros con los personajes”.
El actor es uno de los protagonistas de la Tetralogía Inconclusa, una trilogía compuesta por Smog en tu corazón, Saturday disorders y Weak rangers. Se centra en un grupo de trabajadores de un complejo de tenis donde el deporte es irrelevante. A lo largo de los videos, la historia se repite: mismo lugar, mismos personajes y diálogos. Esta sensación de encierro no es casual, los protagonistas también se sienten así. A través de lo cotidiano, se proponen conocerse a sí mismos y entre ellos. Estos personajes, al igual que Seles, defienden y respetan sus horas de estudio, su profesión y a sus madres. Hacen de todo una religión. En definitiva, como afirma la directora, “una es todos sus personajes”.
—Como la saga no terminó con Weak rangers, que es casi mi video favorito, dije: “Bueno, si no termino acá, no tiene que terminar nunca”.
La Tetralogía Inconclusa, finalmente, no se quedó en una trilogía. En 2023 apareció Terminal young y el año siguiente, Fire supply. Además de la saga tenista, está en sus planes continuar con la historia de The urgency of death, una odisea con diferentes personajes que se entrecruzan en las calles de La Plata.
—Tenés que estar segura de que vos amás eso. Yo el día que hice la presentación del libro o cuando hago las obras en vivo, no sabés la ilusión que tengo por decir cada cosa.Directamente parezco una novia, falta el vestido. Perdón la simpleza.
Durante la entrevista, Seles dice la palabra “contenta” quince veces. No sólo porque lo es, acumulando horas de trabajo o estudio, sino porque sabe que hay recompensa.
—Yo necesito estar autosometida para terminar el día contenta. Fui siempre de querer sufrir para después poder tomar una Pepsi.
Lucía Seles hace de todo una religión. ¿Cuántas Pepsi se habrá tomado a lo largo de su vida? Entiendo que muchas.